¿Has tenido un momento vergonzoso en otro idioma? Posiblemente te gano.


Llevaba pocos meses en Sevilla cuando me puse a pintar y decorar nuestra casa para hacerla un hogar. En ese momento, la moda Americana era usar colores muy fuertes y así lo hice yo (al final, soy Americana ¿no?). La habitación en rojo y el pasillo se convirtió en una cueva de color marrón. ¡Ups! Le echo la culpa a la falta de experiencia con espacios cerrados y con falta de luz, no a la moda horrorosa. 

Con el paso de algunos meses me di cuenta de mi error y que el pasillo necesitaba luz. Lo pintaría de nuevo pero esta vez en un color beige/garbancito. 

Esa misma tarde estaba comentando mi plan con Pepe, un vecino nuestro que por casualidad se dedicaba anteriormente a la pintura. Y me dice “ Sarah, ¿sabes lo que hago yo para ahorrar dinero? Compro un bote grande de pintura blanca y luego echo una cucharita de café de ocre?” 

•Problema 1: No sé que es ocre. 
•Problema 2. Me enteré de la mitad de esa frase con su acento cerrado de su pueblo de Algodonales. 

Por ahorrar dinero, escuché los consejos del profesional y me fui a comprar pintura blanca. 

Al siguiente día, con la cinta de carrocero puesta, abro mi bote de pintura y lo preparo para teñirlo del color deseado. Voy a la cocina, cojo el bote de café molido, la cuchara y empiezo a echar cucharadas de café a la pintura. Uno, dos, tres cucharas grandes y no cambia de color. Termino echando medio bote de café a la pintura y por fin el café se disuelve y se va cambiando un poco el color de la pintura. ¡Hmmm que truco más interesante!

- Y pintamos. 

Cansados, vamos a la cama y nos despertamos por la mañana con un olor de cafetería. ¡Que rico! Me encuentro con mi vecino Pepe y le digo: “¡Pepe! No me dijiste que mi casa iba a oler a café, que maravilla. ¿Pero qué hago con todos los gránulos de café en la pared? Parece que hemos cambiado la textura.” 

Pepe me mira con una cara confusa. ¿Café? ¿Olor? ¿Gránulos?

- “Ah y me dijiste una cucharita de café pero eso no hacía nada, ¡al final echamos medio bote!” le añado.

Pepe ya hace la conexión y se cae al suelo muerto de risa.  “¡Sarah! ¡Café no! Cucharita de café es el tamaño. Te dije cucharita de café de ocre para darle el color que tu quieres.”

Mi cara, sin precio. 

Ahora, cuando mis alumnos me preguntan “Sarah, ¿cuánto tiempo tengo que estudiar inglés para coger fluidez y enterarme de todo?” mi respuesta es “pues tras 10 años de estudios formales, una carrera en filología española y un tiempo viviendo en Sevilla, terminé pintando mi casa con café molido por un mal entendido de “cucharita de café de ocre.” 


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